LA FUERZA DE LAS PALABRAS

LA FUERZA DE LAS PALABRAS

Las palabras forman el hilo con el que tejemos nuestras experiencias.” Aldous Huxley

Las palabras que adscribimos a nuestra experiencia se convierten en nuestra experiencia. Por lo tanto debemos elegir conscientemente las palabras que usamos para describir nuestros estados emocionales o acabaremos sufriendo un mayor dolor del que está realmente justificado o apropiado, ya que las palabras se utilizan literalmente para representarnos lo que es nuestra experiencia de la vida.

En esa representación se alteran nuestras percepciones y sentimiento, por ejemplo, tres personas pueden sufrir la misma experiencia, pero una de ellas la describe diciendo que se siente furiosa, la otra dice que siente enojo y la tercera se siente molesta, es evidente que las sensaciones se han visto cambiadas por la “traducción” que cada persona ha hecho de ellas al etiquetarlas con una palabra.

Como quiera que las palabras son nuestra principal herramienta para la interpretación o la traducción, la forma en que etiquetamos nuestra experiencia cambia inmediatamente las sensaciones producidas sobre nuestro sistema nervioso.Las palabras tienen, de hecho, un efecto bioquímico.

Los lingüistas han demostrado que estamos culturalmente configurados por nuestro lenguaje. Las palabras que utilizamos habitualmente afectan nuestra forma de evaluar las cosas y, por lo tanto, nuestra forma de pensar.

Utilizar las palabras justas significa crear emociones, pero también acciones … y a través de nuestras acciones brotan los resultados en la vida.

Seguro que más de una vez has dicho cosas como: “Me va todo mal”“Lo veo todo negro” o “Es una día estresante”

Lo haces de forma automática, de forma natural y sin pensar en el efecto de dichas palabras sobre tu forma de actuar y de percibir el mundo.

Las palabras configuran nuestras creencias y ejercen un impacto sobre nuestras acciones. Pero también estas creencias también pueden transformarse por medio de las palabras.

Fíjate en la diferencia que existe entre decir: “me siento deprimida” y “no estoy en mi mejor momento”; o entre decir: “estoy perdida”y “estoy buscando una salida”; y otro ejemplo, entre decir: “estoy enferma” y “estoy sanándome”.

¿Significa esto que no pueda estar deprimida, perdida o enferma? Por supuesto que no. En ocasiones, las emociones negativas son necesarias y pueden ser muy útiles para expresarnos, reflexionar y emprender una acción diferente. Pero de lo que se trata es que esas emociones negativas se conviertan en una herramienta útil en lugar de paralizante.

De manera que, aunque la experiencia que nos produce esa emoción no cambia, el uso de palabras distintas para describirla produce una ruptura de nuestras pautas emocionales habituales, y entonces todo cambia.

Utilizar un vocabulario que rompa las pautas que no nos aportan recursos, que nos haga sonreír, produce sentimientos totalmente diferentes, cambia nuestro estado de ánimo y nos permite hacernos preguntas más inteligentes para emprender acciones que nos produzcan los resultados que buscamos.

Piénsalo esta semana, y cuando empieces a sentirte, por ejemplo, nerviosa, utiliza la expresión “me siento llena de energía desbordante”, o si estás triste, en su lugar usa: “estoy clasificando mis pensamientos”.

Al elegir distintas palabras para describirte a ti mismo y lo que sientes estás construyendo un verdadero “vocabulario del éxito” que te impulsa a ser creativo y a buscar caminos alternativos hacia tus metas en lugar de dejarte bloqueado y paralizado por la emoción negativa.

Fuente: Espai Coach (Sitio web).

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